Yo quisiera ser la flor de la que bebe el colibrí; que el más dulce néctar que éste hubiese probado fuera el que se produce en mí, y cada mañana viniese tras la rugiente noche a olvidar sus pesadillas, con la luz del sol naciente y mis sonrojadas mejillas no creer más en lo vil. Cómo quisiera que me viese como la fuente suprema de las cosas más buenas, aunque en realidad yo sea una flor como otra cualquiera, quizás incluso algo imperfecta, y seguramente demasiado infantil. Que mi esencia en su boca fuese la más refrescante; que en su lengüita de pájaro se disolviesen estrellas de azúcar y lágrimas de miel, y cada amanecer me saborease como por primera vez. Que cada beso mío que él viniese a buscar, fuese como un primer beso, de los que despejan todas las nieblas y doblan todas las lanzas. Y acudiese por siempre el colibrí con la aurora a recolectar mi amor interminable, hasta que una tarde sus alitas dejasen de vibrar y mis pétalos se dejasen caer para a la tierra regresar.
Quisiera ser el tallo sobre el que el gorrión se posa. La rama más robusta y menos traicionera, donde anidar cada año y formar un hogar; donde siempre se pueda regresar, por más que las estaciones se sucedan. La casa del gorrión siempre firme está, pues yo resisto la tormenta. Y vea en el corazón de su nido el gorrión brillar una estrella; la llama de una amistad duradera que lo mantuviese cálido por lejos que se fuera, y que incluso, si la vida lo permitiera, a la caducidad de sus plumas y de mis hojas nuestra luz trascendiera.
miércoles, 10 de diciembre de 2014
domingo, 7 de diciembre de 2014
Hundimiento
El agua goteando sobre el agua marca el ritmo de las horas haciendo plank, plank. Ya no necesito relojes, el tiempo no importa ya. La lluvia descarga con más y más fuerza sobre el mar. Me parece que tras la cascada veo las estrellas caer y naufragar, y yo me lanzo a por ellas aunque no sé bucear. Lo último que querría es ver mi cielo oscuro. Pero por rápido que me hunda, ellas se hunden más. Inalcanzables eran en la bóveda celeste e inalcanzables son ahora en las profundidades del mar. Para cuando me doy cuenta de esto, la superficie está demasiado atrás. Ya no puedo respirar, pero aún me queda un consuelo, y es que cuando llegue al suelo del océano, si tengo suerte, quizás se me conceda un primer y último deseo y encuentre mis estrellas caídas para entre ellas descansar. Descansar en un insomnio eterno, cegada para siempre por su claridad. Y cuando mi fuego se extinga y se quede mi espíritu mojado, me den su calor los astros derrotados en el frío abismo, hasta que a mi rostro lo olviden del todo y yo ya no exista más.
Mas cuando mis pies tocan el arenoso fondo, a mi alrededor solo hay oscuridad. Las estrellas siguen en el cielo; nunca cayó ninguna. Habré de descansar sin paz.
Mas cuando mis pies tocan el arenoso fondo, a mi alrededor solo hay oscuridad. Las estrellas siguen en el cielo; nunca cayó ninguna. Habré de descansar sin paz.
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lunes, 24 de noviembre de 2014
Confluencia
Todos los ríos desembocan en el mar. Más lentos o rápidos, más sucios o prístinos, de aguas calientes o frías, cargados de furiosas lluvias o arrastrados por la sequía; todos son licuados por las corrientes del mar unidas, y sumados a la danza comunal de la vida. Indistintas entre sí dan vueltas a la Tierra cada una de sus gotitas, saltando en cada roca del planeta sin soltarse nunca las manitas. Somos uno, el gran océano, el más alto por profundo; con nosotros llevamos los secretos que se esconden en el abismo, y sobre nosotros navegan los barcos del mundo. Y yo, solo yo, arrastrade por el río más turbulento llego al mar sin barca alguna con la que cruzarlo. Resbalando como un pez de las distendidas manos de la alegría, heme aquí, compartiendo el mar contigo y con todes, única y gran cosa compartida.
Vine de jugar y revolverme en el suelo cálido y suave del río, casi olvidándome de que el mar me arrastraba implacablemente hacia sí, casi creyendo que habría salvación para mí.
Vine de jugar y revolverme en el suelo cálido y suave del río, casi olvidándome de que el mar me arrastraba implacablemente hacia sí, casi creyendo que habría salvación para mí.
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viernes, 14 de noviembre de 2014
Deseo terrenal
Yo soy como las mamás, un ser hecho de tierra. Tierra que el viento remueve, que el agua cala y que el fuego calienta. Tierra sobre la que llueve, en la que se adentra el agua hasta casi el núcleo del planeta, acariciando en su camino a las raíces, besando las semillas, volviendo el magma piedra.
Así crecen poco a poco todas las criaturas tiernas, nacidas de mí tras el juego del aire, la mirada del sol y la incursión del agua hasta mis cámaras más oscuras y secretas. Desde que me conozco, soy fértil y dispueste, y dejo que en mí arraiguen todas las plantas, y que en mí duerman todas las fieras. Mi amor es tan inmenso que a todas las latitudes sin esfuerzo llega, y tanto nutre que pronto todes mis hijes de mí se alejan. Ascienden más y más al cielo mientras que yo me quedo en llano, quiete; sus pies brincan y corren y vuelan, y mi corazón que bien los guarda, solo se queda.
¡Ojalá yo alzarme sobre mí misme hacia el cielo y alcanzar así, el más irrealizable sueño, con unos pies como los vuestros pisar el suelo del lugar más lejano, y recibir en mi rostro el resplandor de lo sobrehumano! Y abrazaros, hijes míes, a todes rodearos entre los brazos colosales de la tierra; cubriros enteres con el amor más puro, mezcla de todos los dioses, y que todos los elementos veneran.
Cielo que se extiende hacia el infinito; con cada pasito las cosas más y más de mí se alejan. Cuanto más se conoce el universo, yo me hago más incapaz y pequeñe. Tan solo puedo mirar, como la roca que soy, en infinita paciencia. Amar como una madre. Amar por siempre y para siempre, a la vida y a la muerte, sin hacer distinciones; celebrar partos y defunciones, y recibirlo todo en mí como tesorere.
Así crecen poco a poco todas las criaturas tiernas, nacidas de mí tras el juego del aire, la mirada del sol y la incursión del agua hasta mis cámaras más oscuras y secretas. Desde que me conozco, soy fértil y dispueste, y dejo que en mí arraiguen todas las plantas, y que en mí duerman todas las fieras. Mi amor es tan inmenso que a todas las latitudes sin esfuerzo llega, y tanto nutre que pronto todes mis hijes de mí se alejan. Ascienden más y más al cielo mientras que yo me quedo en llano, quiete; sus pies brincan y corren y vuelan, y mi corazón que bien los guarda, solo se queda.
¡Ojalá yo alzarme sobre mí misme hacia el cielo y alcanzar así, el más irrealizable sueño, con unos pies como los vuestros pisar el suelo del lugar más lejano, y recibir en mi rostro el resplandor de lo sobrehumano! Y abrazaros, hijes míes, a todes rodearos entre los brazos colosales de la tierra; cubriros enteres con el amor más puro, mezcla de todos los dioses, y que todos los elementos veneran.
Cielo que se extiende hacia el infinito; con cada pasito las cosas más y más de mí se alejan. Cuanto más se conoce el universo, yo me hago más incapaz y pequeñe. Tan solo puedo mirar, como la roca que soy, en infinita paciencia. Amar como una madre. Amar por siempre y para siempre, a la vida y a la muerte, sin hacer distinciones; celebrar partos y defunciones, y recibirlo todo en mí como tesorere.
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viernes, 31 de octubre de 2014
Centella
Centella que das vueltas y vueltas dentro de mí, que revuelves mi alma en remolinos de fuego y me haces sentir un vértigo febril, que sepas que me sabes a caramelo, y jamás te quiero fuera de mí. Por más que me envuelvas con cinta de embalaje, como un equipaje en papel de regalo que nunca se habrá de abrir; por más que me hagas muñeca para tus juegos, un maniquí que incansablemente vestir, no quiero nunca que te extingas, ni que se agote tu energía en mí.
¡Pura energía que anima mi cuerpo, y que no es sangre ni aire, sino algo invisible por descubrir! Que agitas mi alma como licuando un cóctel, y la conviertes en un ardiente elixir, ¡relámpago, huracán, rugido de la tierra, ola que engulle hasta al abismo la superficie del mar! Calor del sol radioactivo, que vuelve a las flores doncellas por las que intervenir, y despierta a los pájaros para que canten la vida y dejen de incansablemente huír. Así es como es esta espiral galáctica que gira como la misma Tierra en lo más nuclear de mí, que pone en mi cuerpo el ritmo del universo y trata de hacer armonioso mi vivir.
¡Ah, armonioso este vivir...! Que es como un tren que en su ruta circular pasa cada estación de largo, en el que nadie se ha subido, y nadie se ha bajado; tren que nunca se ha parado, porque no da llegado al destino al cual lo encomendaron. ¡Así de absurdo es mi sino! Un sueño, y en el sueño un cuadro, y al fondo del cuadro mi destino. Y yo viviendo por arte, por placer, por amor que nunca se me muere; sin norte por estar demasiado al sur. Llegaba a estar mi mente más tapada, y ya no sabría ni por qué seguir. Es este corazón que lejos de adormecerse, me paraliza con su constante descarga, me electrifica y me convierte en un poste de alta pasión acumulada. Y no hay tierra que me atraiga con su gravedad, ni hay aguas que me arrastren con su corriente desbocada; aquí mismo me quedaré con mi centella que enteros mi espíritu y mi cuerpo abraza.
¡Pura energía que anima mi cuerpo, y que no es sangre ni aire, sino algo invisible por descubrir! Que agitas mi alma como licuando un cóctel, y la conviertes en un ardiente elixir, ¡relámpago, huracán, rugido de la tierra, ola que engulle hasta al abismo la superficie del mar! Calor del sol radioactivo, que vuelve a las flores doncellas por las que intervenir, y despierta a los pájaros para que canten la vida y dejen de incansablemente huír. Así es como es esta espiral galáctica que gira como la misma Tierra en lo más nuclear de mí, que pone en mi cuerpo el ritmo del universo y trata de hacer armonioso mi vivir.
¡Ah, armonioso este vivir...! Que es como un tren que en su ruta circular pasa cada estación de largo, en el que nadie se ha subido, y nadie se ha bajado; tren que nunca se ha parado, porque no da llegado al destino al cual lo encomendaron. ¡Así de absurdo es mi sino! Un sueño, y en el sueño un cuadro, y al fondo del cuadro mi destino. Y yo viviendo por arte, por placer, por amor que nunca se me muere; sin norte por estar demasiado al sur. Llegaba a estar mi mente más tapada, y ya no sabría ni por qué seguir. Es este corazón que lejos de adormecerse, me paraliza con su constante descarga, me electrifica y me convierte en un poste de alta pasión acumulada. Y no hay tierra que me atraiga con su gravedad, ni hay aguas que me arrastren con su corriente desbocada; aquí mismo me quedaré con mi centella que enteros mi espíritu y mi cuerpo abraza.
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