jueves, 23 de mayo de 2013

Diálogos en la orilla

    En este mundo moderno no queda ya hueco alguno en el que esconderse. En esta era en la que vivimos, pareciera que todos lo sabemos todo, y no hay cosa que pueda escaparse a nuestro entendimiento. La ciencia reina sobre todas las cosas, no dejando a la duda pronunciarse, y todas las palabras están ya inventadas, envejeciendo en los diccionarios que en toda casa hay. Ya no vemos nada novedoso en ello, nada fuera de lo normal. A día de hoy, todos los mapas están trazados, todos los caminos señalizados, todas las alternativas definidas como censurando su propio género. Mas, en un mundo como este, en esta época en la que vivo, yo todavía me pregunto… ¿habrá algo que nadie sepa?

Tiene que haberlo. Alguna criatura nunca vista, algún lugar nunca encontrado. Un secreto de la Tierra tan bien guardado que no lo puedan averiguar ni los todopoderosos humanos. ¿Me dirás que nunca lo has pensado?

Puedo escucharlo de la boca olorosa del mar. Él es tan viejo como las nubes, él sabe cosas que yo nunca sabré. Todas sus olas suenan diferente al morir; algo tiene que estar contando. Hay algo que me está revelando, y aunque no entienda su idioma, tengo que intentar adivinarlo. El mar me confía sus secretos sin descanso, y no puedo ignorarlo más.

“Soy tu cuna y soy tu tumba, soy tu padre y tu asesino” dijo el mar con una ola, “soy la casa de los muertos y de los vivos”.

jueves, 13 de mayo de 2010

Yo del revés

¿Qué es lo que ha cambiado en tu mundo?

Todo.

Todo desde que tú apareciste.

Son muchísimas las cosas que me gustaría escribir. Pero tantísimas, tantísimas que al no saber por cuál empezar, nunca las escribo. ¡Tantísimas que se entremezclan las unas con las otras como cables finos, y cuando pruebo a escribir algo, no me salen más que mutantes cleffoides y extraños! De esas abominaciones que cuando las lees, piensas que sólo podrías entenderlas tú en un mal día, y no sólo eso, sino que además son estéticamente deprimentes.

Desde que tú apareciste, se ha vuelto el mundo del revés. ¡Es tan estresante cuando quiero gritarlo, cantarlo, desahogarlo en algún lugar inodoro! Cuando quiero decirlo todo no diciendo nada, por si acaso tú apareces con los faros de tu mirada sobre de algún párrafo inoportuno.

¿Por qué tienes que dolerme tanto? La respuesta es fácil...

Porque al mismo tiempo que me quemas por dentro me elevas a lo más alto de mi concepción del mundo, y como eso no bastaba antes, mi concepción del mundo se ha modificado casi por completo. ¡Así pudiera caber todo el amor que de tan grande se me sale de dentro!

Y se me escapa tanto amor por el aliento, que no sabes, tú, no sabes cómo de miedosa me siento. ¡Cómo de temblorosa tengo la ambición! ¡Ay, si supieras cómo de inexistente tengo la razón! ¡Nunca lo sepas, pues nunca quiero tener que morir de pasión...!

Ay, si supieras...

Cuantísimo ha cambiado el mundo.