martes, 23 de enero de 2018

Calor II

Cuando necesito ver belleza,
cuando estoy enfriada,
mojo la sola punta de mi dedo y
pongo una gotita de agua
sobre la pantalla del móvil.

La misma se vuelve un ópalo a la luz sentada
y yo me quedo mirándola
hasta que es evaporada entre yo y el calor de su cama.

Para conciliar el sueño
salgo a la ventana
y busco ver algo bello entre la pesada poalla.
Cómo se vuelven ámbares a la luz de la farola
las piedrecitas del asfalto mojadas.

Cómo se recorta en la ropa de cama
la proyección azulada del televisor sin voz.
Ver las luces de la ciudad sin gafas
para hacer un bokeh.

Vuelvo a la conversación que terminó hace horas y leo
la mejor palabra
y la vuelvo a leer.

domingo, 21 de enero de 2018

Diario 15/09/2016

¿Por qué sentir nostalgia de cosas que siempre están vivas? Cosas que siempre están y estarán ahí, porque forman parte de mí, porque me conforman, porque son yo misma. ¿Por qué sentirme sola cuando siempre estoy y voy a estar acompañada de todo lo que soy?

[...]

Mas amar es lo que quiebra el ego en el que estoy contenida. Es lo que hace a esta porción de alma volar hasta encontrarse con todas sus partes perdidas. Se hace cada vez más grande; pienso que se podría hacer infinita, fundiéndose con todo lo que deseo, multiplicando la vida. Cuando amo intensamente a alguien siento cómo mi esencia se diluye con la suya. Cómo empieza a ser una sola cosa, enteramente compartida. Cómo yo ya no soy más yo, sino nosotr-s. Eso es lo que "nosotr-s" verdaderamente significa. Que hemos roto nuestros vasos para mezclarnos en una sustancia única. Entonces, la felicidad es una. El dolor es uno. Esas son las pruebas.

lunes, 15 de enero de 2018

Deseo terrenal XII

Soy la flor cerrada que acaricias 
esperando que se abra. 
Soy la flor durmiente 
que siente tu calor penetrando en sí como el del Sol.

Soy la visión que centellea en tus ojos. Soy el antojo que anega tu boca. Soy la velocidad que te arrastra 
y acelera la sangre, soy el más leve roce 
que te hace cosquillas
con la pluma de un ángel.

Soy pasiva, tan paciente, tan altiva, 
taaan atractiva. La plantada, la expectante. 
La del jardín de atrás, la emocionante. 
La cautiva.

A mi tallo acercas las tijeras de los filos frescos como el invierno. 
El terror de morir en tus manos. 
El anhelo de morir en tus manos.

Y qué es una flor para ti. Si así me tocas, si así me tomas, si tan fácil aceptas que perezca.
Qué seré yo nunca para ti, sino esa ilusión fugaz, sino ese bocado que das y saboreas 
durante tan solo un segundo. 
Qué soy sino un ser potencialmente destruído, un bien consumido 
en el fuego de tu tea. En lo profundo de una cueva
a la que me he caído, culpable de mi propio amor por el enigma. 
Qué soy sino un deseo de los que desvelan 
únicamente hasta que de tu lado se acuestan.

Soy la que muy quieta te espera, sin poder pronunciar un solo paso. 
Pues soy la flor bien amarrada al suelo. La que permanece. 
La que se hace eterna.

Soy la que ofrece menor resistencia de entre las criaturas tiernas. Pues tú sabes evadir las espinas. 
Tú eres el que más sabe y el veneno es apenas 
cierta sequedad en tus piernas. 
Sabes cómo sujetar un tallo
sin que siquiera duela. 
Sabes que son solo como canciones mis leves protestas.

domingo, 7 de enero de 2018

Escarlata

(25/08/2014)

Callada,
mi boca sellada
por mi propia sangre
que me traiciona y se retiene de ser salpicada.
¡Qué sangre amante y humana, que me quiere tener por tanto callada! Y si no fuera por ti, habría de gritar, y habría de no sentir nada, pues tú tomas contigo lo que mi corazón más reclama aun si lo desoigo, y haces que conmigo misma esté siempre enemistada. ¡Sangre de monstruo! La pureza que procuro se me ve una y otra vez negada por tu mancha de escarlata. Y me habla Dios airado porque mis ambiciones no son cristianas. ¡Pero si es mi sangre la que me hace un alma silenciada! Y ahogar he mis gritos de amor por no ofender al mismo, y suspirar con la boca tapada. Ángel que me atraviesa con su espada de plata, arma de poeta inmaculada, arma como la niebla de la mañana, ¡antes de que peque me condenas, y mi herida ni siquiera sangra!

sábado, 6 de enero de 2018

Nada

Nada.
Eso no es nada. 
No significa nada.
No estaba pensando en nada.
No me pasa nada. 
Nada.

Nada... 
Cómo anhelo yo ser nada. Nada.
Es tan cansado ser siempre alguien, 
ser siempre algo, 
definirme, 
concretarme, 
ser mirada.

Peinarme y vestirme. Ponerme unas bragas. 
Coger el paraguas.
Comer cada día. Necesitar agua.
Necesitar agua...

¿No podría yo saciarme 
con nada? 
Que nada me haga falta. Porque no soy nada.

No tener nombre. No tener casa, ni cama.

Que esté vacío cada libro que yo abra. 
Que la gente pase, sin decirme nada. 
Que se rompan todas las cuerdas
que me amarran.

Que en el cielo de la noche 
no haya nada.

No haber nunca existido como humana,
ni como Amanda.

Desdibujada. 
Abstracta.

Siquiera pintada. 
Tan solo imaginada.

 
Tan solo atisbada.

 
 
O siquiera eso. 
 
 
 
 
Nunca nata.

Nada de nada. 
Desconocida e ignorada
como la estancia entre las tablas que separan
mi suelo de vuestro techo.
Y no haber mío, no haber vuestro. 
No haber cosas dominadas.
No haber cosas nombradas, 
no ser nunca recordada.

No ser cuerpo 
ni fantasma,

no ser sueño 
ni materia,

no ser nadita 
de nada...