miércoles, 11 de noviembre de 2015

Rebirth Song

Release me.
Release me!
Release me!!!
Unearth me from this box 
'cause I'm alive!
No matter how many the years I lied underground, 
I opened back my eyes! 
Let us burn! I'll reborn like the Christ!
You'll be ashes long gone while I rise 
and sandblast off my tombstone the day
you believed me to die!
You thought me to expire
in your very hands, yet I
turned to sand, flowed out of them and sparked
the fire to let me 
out of the dark.
With a spark that's the start to a pyre,
release me from grave!
I'm no dust!

lunes, 14 de septiembre de 2015

Declaración de amor III

Ahogándome estoy en el mar del amor, donde todes querrían ahogarse.
Donde tú anhelabas hundirte
lejos de la arena.

Donde mi garganta quede muda y no vean 
ni un solo cabello mío las estrellas,
donde no me sientas si estoy cerca.

¿Qué haría yo por amor? Empaparme, sin recato
desnudarme, que cualquier hálito condense y todo en ti fluya al verme;
incluso si no quieres oír ni por escrito mi declaración callada,
serás civilizada
al conocerme.

Como yo domesticada
cual perra en la gratitud. Las uñas limadas,
correa amarrada,
y con cada sacudida de la misma inquiriendo en las cavernas de mi corazón la fiera:
¡cuánto más!

¡Cuánto más mi boca sellada y mis dientes sobre blando,
cuánto más mis manos lejos de la tierra!
¡Así el amor te destruya como se ahoga mi aullido,
así interminablemente te hiera!
Y ni en la muerte halles consuelo.
¡Pues no es por mí, sino por el amor que sangras y dejas
que te mate por que no se ofenda!
Que te atraviese con su espada inmaculada cual la luz de una estrella,
con una sonrisa en tu jeta.
Así no corra nunca el viento a través de tus grietas,
sino para avivar la llama de tu vela
hasta que te abrase las tetas,
así nunca puedas clamar pidiendo que te saquen del abismo del amor,
así te consumas podride entre las sirenas
y no tengas transición a polvo siquiera.

Si sabrás, bestia, cuánto te desoigo y a su vez, cuánto me complace oírte. Si sabrás el poder último contenido en mis cuerdas, incluso si nunca son tañidas, incluso si el más secreto de sus suspiros apenas lo escuche una abeja; si sabrás lo que amo.
Siendo el polvo que descubre un viejo libro para colmar las noches,
siendo en la playa la arena
que poco a poco es arrastrada
hacia la despiadada hidrosfera.

sábado, 20 de junio de 2015

Deseo terrenal III

Simiente, soy tierra. Arráigate en mí y serás árbol.

¡Oh, pero qué digo! ¡Si solo soy arena! En mí no crecerás, pues sobre mi piel cubre el hechizo inerte de la sal. Y sin embargo, más que a la tierra que es fértil, los líquidos me calan y vuelven pesada.
¿Qué destino es este, de ser desierto, mientras que el océano restriegue por mí hasta el fin de los tiempos sus algas de esmeralda? Y las semillas que en mí caen, ¿cómo decirles que no soy lo que pensaban? Que ojalá las lleven las olas hacia alguna isla arbolada, si es que sobreviven el viaje, que no puedo darles planta.
Yo doy muerte mientras tú, tierra oscura, incesantemente te embarazas. Tú eres madre de cuanto respira, mientras que yo ahogo a los seres que en mí se varan. Tú abrazas tiernamente, y yo trago y sofoco cual si no significara. Más no hay odio en mí, no hay rencor por ti, ni hay siquiera envidia sana. Solo soy amante grava que acaricia si me toman sin esperar paga.
No tengo tus virtudes ni tu fama, ni tengo nada más que lo que las aguas y vientos arrastran. Pero mi amor es incondicional e infinito como el que capacita a las almas. Única cosa que en mí germinó, y que no habrá jamás de secarse. Que lejos de achicarse, se expande hasta más allá de donde mi cuerpo compuesto acaba; justo como hace el universo, que en algún futuro dispersará mis granos hasta ningún confín. Justo así madura mi afecto, incluso si soy el más estéril mineral; pues no hay requisito, ni hay objetivo final para quererte, a ti y a tus hijes, quererme y querer al mar que me empapa. Y que no haya perdón, pues no ha habido ofensa.
Y que no haya burla, pues no hay vergüenza.
Y que no haya nada. No necesito nada.

miércoles, 20 de mayo de 2015

No sé

¿Cómo empiezo?
¿Cómo acabaré?
¿Cómo seguiré?
¿En dónde haré una pausa para reflexionar, quizás incluso descansar, y cuándo reanudaré?
Si me asomo a este hueco, ¿qué es lo que veré? ¿Realmente veré algo, o solo atisbaré?
Si callo y pongo atención, si me olvido de mi respiración, ¿lo escucharé?

¡Oh, deja de preguntártelo y atrévete! Solo hazlo, y a dónde sea que quieras ir, ve.

Pero, ¿cómo empiezo? ¿cómo acabaré?
No puedo saberlo si no lo sé.
Me parece que hasta entonces, me lo imaginaré.

viernes, 10 de abril de 2015

Calor

Te escribo para decirte, aunque seguramente ya lo hayas advertido, que ahora mismo estoy, una vez más, en camino. Dime, tú que ya bien sabes que las cosas van en círculo, ¿es que hubo alguna vez en la que no hubiese acudido? Es verdad que a veces llego antes a la cita, y otras tardo tanto que dudas de lo aprendido, pero nunca habré de faltaros a ninguno de los vivos.
Avanzo de noche en noche porque en el día el Sol me ciega y arrebata toda mi energía; así de ladrón como lo encuentras, así sabes que estoy en travesía. Le aúllas con tus ojos a la Luna cuando brilla para que apure mi paso, porque sabes que es amiga, pero temo ser demasiado grande para oír tu magia tan callada y chiquitina.
En cuanto vislumbro, desde el Sur, tu paisaje enjoyado, me acuesto sobre las resplandecientes montañas muy agotado y el mar empieza a enrojecer; nervioso por la radiante desnudez del cielo, pronto empieza a evaporarse y a cubrirnos a todos de esa niebla que se pega tanto a la piel.
Paciente, tú lo sabes. Sabes que el vapor nos vestirá de la cabeza a los pies. A los titanes hijos de Urano y Gea, y a los pequeños humanos como tú, también. Encontrarás tu lecho mojado, y tu casa entera olerá a agua. Besarás entonces los cristales por los que la condensación resbala, y con la forma de tus labios se habrá marcado para siempre un oasis de nitidez. Como cuando al tocar con la yema del dedo el espejo tras una ducha caliente, pasados días, semanas y meses se ve reaparecer con cada ablución el redondel. Nada pensabas cuando en el vaho te imprimiste. No hay significado en tu gesto, pues. Sin embargo, hay algo en ello que me inquieta sobremanera, a mí que ni soy ser de piel.

En la oscuridad; no importa si es la de una noche sin electricidad, o la profunda negrura de una cueva jamás tocada por la luz solar, se embravece y precipita como una cascada hacia el abismo el mar, asustado del fuego que baila en remolinos en algún lugar entre tu corazón y vientre, queriendo con el planeta girar. Una llamarada surge dentro de ti, después de soplado un aliento. En cuestión de segundos se calienta todo tu universo. Ni en tu espíritu ni en tu cuerpo existe ya el invierno, y sin embargo, permaneces tan paciente.

¡Cuando en ti misma llevas mi templo, me esperas cual superviviente! Con las ventanas abiertas, como si te fueras a asfixiar de impaciente.